RELIGACIÓN CÓSMICA, INICIACIÓN CHAMÁNICA Y RITOS DE PASO EN LA CHINA ARCAICA Y EN ALGUNAS CULTURAS PRECOLOMBINAS

wu

Sabemos por una serie de registros que en la China arcaica existieron ciertos personajes cuyo papel principal consistía en ser portadores de poderes mágicos, y por ende los llamados a establecer contacto con las fuerzas sobrenaturales. En realidad estos personajes eran los que detentaban cargos especiales, homologable al de los sacerdotes brahamanes de la antigua religión védica en la India y como tal, encargados de establecer las pautas para el mantenimiento del orden sagrado. Podríamos definir dicho orden como la conjunción entre las fuerzas celestiales y las fuerzas telúricas, fundamento cardinal de toda la cosmología china, y por extensión de toda civilización tradicional. Dicho modelo humano está tipificado en toda la mitología china arcaica, cuyos héroes y patriarcas destacan por ejercer funciones arquetípicas. Así, los relatos antiguos nos dicen que la tradición se remonta al rey Yu el Grande, fundador de la civilización china a partir de un centro sagrado, cuyo reino estaba rodeado por otras ocho provincias.

Durante los antiguos reinos Shang y Zhou estos personajes ejercieron una gran influencia en los quehaceres políticos, religiosos y sociales de la civilización arcaica. En los textos y escapulas más antiguos de la cultura arcaica china encontramos inscripciones que nos hablan de estos conjuradores, denominados wu巫 en los registros arcaicos, cuyos poderes teúrgicos eran capaces de generar transformaciones en la naturaleza y en el devenir. La función principal de estos teúrgos consistía en cultivar el poder de invocación -mediante una serie de cultos mistéricos- de las fuerzas de los ancestros para de este modo obtener una influencia benigna de dichos espíritus en la vida de la comunidad. Dicho magisterio se caracterizaba por la realización de determinadas disciplinas manticas que incluían danzas, conjuros, visiones reveladoras, practicas de oniromancia, etc. Estas artes dan testimonio de la capacidad que estos personajes poseían para religar las fuerzas del cosmos, llevando a cabo una reactivación de las fuerzas primigenias del universo y renovando de este modo la vida en su totalidad.

Mucho debate se ha entablado sobre el verdadero significado del sino-grama wu 巫 y sus connotaciones chamánicas. En nuestro trabajo sobre la cosmología china y sus aplicaciones en el campo de las ciencias y artes clásicas, la orientación del profesor Manu Moreno ha sido fundamental. Desarrollando un profundo estudio interpretativo de los textos clásicos y arcaicos, el profesor Moreno propone que las dos grafías que conforman el sino-grama en realidad podrían tratarse de dos piezas de jade, gema que era utilizada antiguamente en rituales de adivinación, y posiblemente de iniciación[1]. Según el mismo profesor Moreno esta función arcaica de los wu habría dado paso a la figura del acupuntor como ‘religador de lo celestial y lo terrenal (gong 工 en los textos médicos de la dinastía Han), es decir alguien capaz de religar la realidad sutil y la realidad densa para el tratamiento de trastornos. Algunos estudiosos, como KC Chang para citar un ejemplo, dan por sentado que el titulo wu 巫 designa a chamanes encargados de los elaborados rituales de adivinación y de conjuración de las fuerzas supra-naturales, basándose en la función que estos tenían en la preservación de la comunión entre las fuerzas celestiales y telúricas[2]. Por otro lado, hemos de señalar algo sobre el valor simbólico del jade, gema que para los antiguos chinos representaba el emblema de la belleza y la perfección. En otras palabras, a la mirada de la tradición china esta gema era la representación de la majestuosidad de los poderes celestiales en estado cristalizado. De ahí la ferviente utilización de esta piedra en infinidad de objetos rituales entre los Shang y los Zhou, cuyo fin habría sido el de reactualizar un cierto estado de perfección ontológica a través de elaborados ceremoniales mágicos

. shang

Ahora bien, demos un salto a otro horizonte cultural para de este modo poder observar algunas analogías de las funciones teúrgicas cultivados por los wu. Sabemos de la existencia de diminutas piezas rituales en jade elaboradas en las culturas de Mesoamérica hace más de 2,000 años, específicamente la civilización Olmeca. Nos referimos a las piezas que fueron encontradas en el sitio arqueológico de La Venta, en México. En concreto se tratan de unas piezas en miniatura que representan un ritual en el que los personajes masculinos aparecen con el miembro fálico amputado. Este detalle nos indica que posiblemente dichos rituales conllevaran la castración de sus iniciados, y de este modo transformándolos en magos-eunucos. En la ceremonia representada vemos como dichos sacerdotes-eunucos son los mediadores entre los poderes de los ancestros (fuerzas celestiales) y los poderes de la naturaleza (fuerzas telúricas) cuyo papel consistía en activar las influencias del cosmos en la sacralización del rito llevado a cabo, papel que se ha podido atestiguar en todas las culturas de la antigüedad. Otro punto a considerar es la función representada por ciertos animales divinizados cuya figura representa una serie de poderes sagrados, y como tal poseedor de un aura arquetípica. Es el caso del jaguar, criatura que posee un papel central en la cosmología de los pueblos Mesoamericanos y a ello retornaremos más adelante. Finalmente podemos ver como las figuras están circundadas por seis diminutas columnas en jade que hacen de axis o pilares. Una delimitación de esta naturaleza indica el acto de sacralización del asentamiento donde se llevara a cabo el ritual. Así, estas columnas deben ser vistas como los ejes que hacen posible la comunión con las fuerzas celestiales. Es más, estamos inclinados a pensar que dichas columnas son en realidad efigies de los espíritus de los ancestros, quienes ejercerían de mediadores para con los dioses.

A nuestro entender esta escena representaría un rito de iniciación de orden chamánico por dos razones fundamentales: primero, por el hecho de que los oficiantes son hombres despojados de sus genitales; y segundo, por el rasgo de sus cabezas alargadas, señal esta última que en muchos pueblos de la antigüedad era considerado como signo hierático[3]. Las estelas que hacen de pilares serían el nexo que hacía posible la unión del Cielo y la Tierra, función que coincidiría con la experiencia del chaman, quien en su hazaña ascendía a los mundos superiores a partir de su transmutación física. Hemos de añadir como dato importante que el chamanismo esta atestiguado en todas las culturas precolombinas, en sus diferentes horizontes culturales y para el lector interesado, la literatura disponible es amplia, aunque no siempre cualitativamente coherente con la cosmovisión de los pueblos antiguos[4].

olmeca

Es posible hablar de chamanismo en el caso de los wu 巫? La respuesta no resulta para nada sencilla, particularmente si nos ceñimos a la definición que da Mircea Eliade sobre la estructura del chamanismo. Este define las prácticas chamánicas a partir de la experiencia extática que realiza el chamán, experiencia en el que este personaje abandona su cuerpo físico iniciando un periplo que lo llevará a los diversos mundos -superiores o inferiores- que conforman el cosmos y así llevar a cabo una proeza determinada[5]. En el caso de los teúrgos de las civilizaciones Shang y Zhou, la cuestión no queda del todo clara, pues el aspecto extático no está del todo esclarecido. Estamos más inclinados a pensar que se trataban de prácticas teúrgicas por parte de lo que sería una organización de magos-sacerdotes cuya función habría consistido en generar una serie de transformaciones en la naturaleza pero sin implicar proezas de orden chamánicas, es decir sin llegar al estado de trance extático que implicaba el abandono del mundo fenoménico. Dicha proeza simboliza la muerte del chamán de su estado profano, accediendo de este modo a un nuevo estado, o renacer ontológico, condición que se revelara a través de una serie de experiencias dramáticas (estados de bilocación, autoscopia, trance, etc.). El fin es solidario pero los métodos diversos. No obstante, el debate al respecto es amplio y esperamos poder retomarlo en otro momento.

Volviendo al ritual olmeca, vemos un elemento importante que nos revela algo ineludible con respecto al chamanismo. Se trata de la presencia del jaguar, criatura totémica por excelencia en muchas culturas precolombinas. En este caso concreto, el iniciado a chaman invoca al dios jaguar, hecho que nos indica que el fin del ritual perseguía transferir el poder del jaguar al chaman. Mediante la metamorfosis mistérica del iniciado, este era capaz de abandonar la condición humana y penetrar en el misterio del jaguar y de este modo poder transformarse en emisario ante las fuerzas sagradas del cosmos. Esto es lo que en las antiguas civilizaciones mesoamericanas se denominaba Nagual, la metamorfosis humana en la realidad arquetípica de un animal que se consideraba sagrado y que en los mundos antiguos representaba un poder mágico determinado. Observemos que la figura del jaguar es importante en los ritos de iniciación chamánica y guerrera sobre entre los pueblos de Mesoamérica y América del Sur, ceremonias en las que se realizaban proezas extáticas, entre las cuales el uso de psico-activos era un elemento más entre muchos otros.

LA CEREMONIA DE JURAMENTO AL SOL: EL RITUAL SUN DANCE ENTRE LOS INDIOS DE LAS PLANICIES NORTEAMERICANAS

Nos gustaría ahora abordar otros rituales de religación entre las fuerzas cósmicas en los que las visiones sagradas si bien no implicarían un abandono del mundo fenoménico al modo de los chamanes olmecas, si conllevaba una transformación psíquica y espiritual de los participantes. Se trata de un ritual practicado entre los diversos pueblos indígenas de las planicies norteamericanas y que los Sioux denominan Wi Wanyang Wacipi, la danza de juramento al Sol, un ritual de iniciación de tipo guerrera. La ceremonia en si consistía en una dolorosa prueba, en el que los iniciados eran sometidos a una cruenta mortificación con el fin de consagrar su juramento al Sol, hipostasis del Gran Espíritu, Wakan Tanka. Solamente tras la superación de este acto sacrificial les era permitido a estos visionar los diferentes mundos que conforman el orden del cosmos hasta llegar al umbral del gran e insondable misterio, Wakan Tanka: Creador, Sostenedor y Destructor de todo lo que hay en los cielos y en la tierra. Una vez que se habían revelado el significado de las visiones, y con la aprobación fehaciente por parte de los sabios y chamanes de la tribu que el juramento había sido exitoso, el iniciado era finalmente aceptado como guerrero y miembro de la tribu.

Durante este dramático ritual, los iniciados eran perforados alrededor de los pectorales con espetones hechos de garras de águila, atando una cuerda a las garras a modo de arpón, y utilizando un seguro hechos de hueso de águila u otros animales a modo de pestillo para luego ser suspendidos de un poste o árbol al interior de una tienda de doce lados que representaba el espacio sacralizado del cosmos[6]. Esta este acto marcaba el clímax del ritual por su carácter sangriento y dramático. Otro aspecto rico en simbolismos es la parte preparatoria del sacrificio, que conllevaba así mismo otro proceso de ritualización. Así, la erección de la tienda era ya en sí mismo una ceremonia bastante elaborada, ceremonia que conllevaba la sacralización del espacio a utilizar. Primero se cortaban arboles sagrados, tras lo cual se juntaban cuatro postes atados a una cuerda –representación de los cuatros vientos de la cosmología indígena- que luego era erigida como el fundamento de toda la tienda de doce lados. Vemos pues como la designación del espacio a utilizar en el ritual se transforma en un arquetipo, remontando de este modo a los participantes del drama sacrificial a los orígenes mismos de la cosmogonía.

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En realidad, dependiendo de la tribu, el rito podía variar. Así por ejemplo tanto entre los Matho como en los Apsarokes, el guerrero danzaba, con sus pectorales enganchados a una cuerda, alrededor del árbol sagrado ante la presencia del Sol. Al danzar alrededor del “Axis Mundi”, representado por el árbol, el guerrero tiraba con fuerza de la cuerda, que a su vez tensaba los espetones y los arpones de águila, espoleando aun más la tensión en el cuerpo del iniciado y amplificando así su dolor. Dichas ceremonias podía durar días enteros y debido a lo sangriento del culto en sus diversas formas, no es de sorprender que algunos de los participantes murieran en pleno ritual.

A pesar de la diversidad de sus formas cultuales, el núcleo de la estructura ritual nos revela que el Sun Dance tendría un origen común a todos estos pueblos de las planicies y se remontaría a tiempos inmemoriales, posiblemente a cosmologías antiquísimas, por no decir pre-históricas, que habrían sobrevivido en formas tardías entre los pueblos y tribus que entraron en contacto por primera vez con el hombre blanco hacia el siglo XVIII.

De entre estos pueblos destacan los Sioux. En sus mitos, el origen de estas enseñanzas proviene de una mujer divina, White Buffalo Calf Woman, especie de figura profética quien revelo a los ancestros los misterios del universo, de la cosmogonía y de los caminos de retorno al Gran Espíritu, Wakan Tanka. Ella fue pues la madre de los primeros chamanes, quienes a su vez se erigieron como los maestros de una cadena de sabios ininterrumpida desde tiempos inmemoriales. De ahí que toda la elaboración del ritual Sun Dance estaba presidida por los Medicine-Man, encargados de conjurar a las fuerzas celestiales para así proteger al alma del sacrificado y darle valor en su ordalía. Para ello se fumaban las pipas sagradas, se purificaban todos los aspectos de la vida de la comunidad, se batían los tambores noches enteras antes del ritual y se invocaban a las fuerzas mistéricas, haciendo que los poderes de Wakan Tanka descendieran en forma de signos y visiones.

En suma, nos encontramos frente a un ritual de religación entre las fuerzas celestiales -los espíritus emisarios de Wakan Tanka- y terrestres – las fuerzas ctónicas siempre presentes en la naturaleza. Como puente de unión entre esos dos mundos se encontraban el guerrero y la tribu en su totalidad, quienes conforman el mundo humano, mundo que hace posible la sacralización de la naturaleza (el mundo ctónico) mediante su comunión con el mundo de los espíritus. Finalmente añadamos que toda la sintaxis cultual tiene un solo fin: la eliminación de todo aspecto impuro del corazón y la mente del iniciado mediante la intensificación del dolor. Es esta la transformación que hará posible que el participante renazca como guerrero valeroso, y solo una vez traspasado ese umbral él podrá ser merecedor de las visiones hieráticas en las que el misterio Wakan Tanka se manifestara mediante epifanías: el águila, el bisonte, el ciervo. En las visiones extáticas, todas esas criaturas revelan al iniciado el misterio de la creación y la fuerza que permuta toda realidad viviente, cuyo origen reside en el Gran Espíritu. En la realización de ese pacto se fundamenta la vida de todo miembro de la tribu y por extensión de toda la comunidad. Ese es el sentido final del juramento al Sol.

Como parte de una política de aculturación realizada por el gobierno federal de los EEUU, este ritual quedo prohibido por la ley federal estadounidense hacia finales del siglo XIX, privando de este modo a estos pueblos de la herencia milenaria de su legado espiritual. El aniquilamiento de los pueblos no solo implica pues su desaparición física, sino que, de manera aun más trágica, la disolución de sus fundamentos civilizadores, culturales y religiosos.

Indian-Invocation

[1] En los próximos seminarios a venir, el profesor Moreno tocara temas específicos que atañen al tema del papel de los wu巫, aquí desarrollado de manera muy breve.

[2]Si miramos otra vez las acciones meritorias de los fundadores de las Tres Dinastías, encontraremos que la totalidad de sus hechos fueron hasta cierto punto mágicos, sobrenaturales. El Gran Yu era bastante poderoso como para ir contra el diluvio, y su marcha –la llamada marcha de Yu- fue adoptada más tarde como una marcha especial por los chamanes. Tang, como hemos visto, logro que lloviera a través de una ceremonia, y Hou Ji tenía una habilidad especial que consistía en hacer crecer mejor y más rápido sus cosechas que las de otros granjeros. Estas creencias tradicionales fueron bien confirmadas por las inscripciones en hueso de oráculo de la dinastía Shang, que muestran de hecho que el rey era el chaman principal”; KC Chang, Arte, mito y ritual: el camino a la autoridad en la China antigua. Capitulo 3, Chamanismo y Política, página 62. Katz editores, Buenos Aires 2009.

[3] El rito del alargamiento de cráneos esta en estrecha relación con practicas mágicas en las que los iniciados a chamanes invocaban el espíritu de algún animal, lo que en este caso se percibe por la deformación del cráneo que busca crear una especie de mimesis entre el alma del iniciado y la visión del animal totémico en la experiencia extática, en este caso del jaguar.

[4] Baste con mencionar algunos títulos a modo de referencia: “La búsqueda de Perséfone: los enteógenos y los orígenes de la religión”, Gordon Wasson, Stella Kramrisch, FCE, México 1992; “El sueño del camino maya: el chamanismo ilustrado del Yucatan”, Richard Luxton, Pablo Balam, FCE, México 2003; “Vida y muerte en el templo mayor”, Eduardo Matos Moctezuma, FCE, México 1998.

[5] « Nous l’avons déjà vu dans le chapitre précédent : les chamans ne se différencient pas des autres membres de la collectivité par leur quête du sacre –laquelle est le comportement normal e universel de touts les humains- mais per leur capacité d’expérience extatique, qui se réduit, la plus part du temps, a une vocation ». Mircea Eliade, “Le Chamanisme et les techniques archaiques de l’extase”, Payot, Paris 1951, pagina 99. En cuanto al estudio de la experiencia extática, recomendamos el trabajo de su discípulo Ioan Culiano, “Más allá de este mundo: paraísos, purgatorios e infiernos: un viaje a través de las culturas religiosas”, Paidos Orientalia, Barcelona 1993.

[6]Cada hombre medicina hacia un corte en los pechos de su devoto, empujaba y retorcía los espetones bajo la carne y deslizaba sobre ella dos cuerdas. Poniéndole las manos en el pecho, lo empujaba tres veces y luego lo lanzaba con toda su fuerza”, Los Guerreros de la danza del Sol, Edward Curtis. Colección la Pipa Sagrada, José de Olañeta Editor, Barcelona 1993.

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